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Como ocurre con otras muchas celebraciones la Navidad ha creado toda una tradición gastronómica asociada a ella, pero aunque la globalización tiende a universalizar todo, cada país, incluso cada región dentro de un mismo país, ha desarrollado sus propios platos tradicionales específicos de esta época del año. La mayoría de esta diversidad culinaria navideña se basa en ingredientes locales y en la temporalidad de los alimentos. Se da la paradoja que en origen -como ha ocurrido con otras efemérides de marcado carácter religioso- estas comidas de conmemoración eran sencillas y frugales, pero con el paso del tiempo han alcanzado un alto grado de sofisticación.

 

De la misma forma que el intercambio cultural ha roto con las fronteras y, tanto productos como recetas, han influido en las mesas de navidad en todo el mundo. Pero todavía quedan señas de particularidad en las diferentes regiones. Nada tiene que ver la costumbre española de tomarse doce uvas en la medianoche del último día del año, con la tradición inglesa de elaborar un pudding de ciruelas para la cena de Navidad. La gastronomía de los países europeos es tan variada que podemos degustar un exclusivo foie gras como aperitivo en Francia o comernos unos arenques en vinagre en la fría Polonia.

 

Arenques encurtidos de Polonia

 

Por su parte, países mediterráneos como Italia o Grecia no renuncian a las señas de identidad de su cocina ni siquiera durante estos días. Por ejemplo, es típico en Italia entrar en calor gracias a una sopa minestrone, elaborada con verduras, albahaca, pasta y queso parmesano. Por su parte, los helenos prefieren la ligereza de los yiprakia moraitika, unos rollitos elaborados con carne de cordero y arroz.

 

En lo que se refiere al toque más dulce, los rusos se llevan la palma con su pastel de Navidad, una especie de bizcocho de almendras. También nos ha conquistado por completo el postre navideño de Noruega, el riskrem, una receta elaborada mezclando arroz con leche con nata montada, vainilla, almendra y una especie de sirope de cereza casero.

 

Riskrem noruego

 

Al otro lado del “charco” contrasta las costumbres de Estados Unidos, más asimiladas a los ritos y costumbres europeos, con la variedad de platos en Latinoamérica, donde podemos encontrar una variedad más compleja. Todo centro y el sur de América son regiones tan ricas en productos, usos y costumbres culinarias que favorece una enorme panoplia de platos típicos de estas fechas. En México, no podemos dejar de nombrar su receta de bacalao típica de estas fechas que incluye bacalao desalado, un sofrito de cebolla, pimiento, ajo y tomate, patatas y, por supuesto, el toque del chile. Y muy posiblemente no faltará la famosa ensalada de Navidad con ligeras variaciones que han ido apareciendo como parte de la tradición de cada familia, quizás un Guajolote (o pavo), unos romeritos, unos tamales de elote con un ponche con piquete como bebida.

 

En Perú, país con una variada y rica gastronomía plena de historia, la diversidad de platos tradicionales para la Navidad es muy amplia. Sin embargo, son de destacar el pavo asado navideño (preparado de una manera muy típica del país), el lechón al horno, los tamalitos verdes, la humitas y el panetón peruano.

 

Matambre en Navidad

 

Otra de las explosiones de sabor latinas nos llega desde Argentina y es que su bondiola de cerdo con salsa chimichurri  o su matambre arrollada no pueden faltar, favorecidos con su “verano austral” que permite festejar al aire libre y entorno a las parrillas lo que aquí hacemos alrededor de la chimenea.

 

En lo que se refiere a dulces, nos quedamos con la torta negra de Venezuela, una especie de roscón de reyes elaborado con frutas secas y cacao.

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