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Hay más mister Barbacoa que gotas en el mar. Pero seamos realistas: la mayoría de nosotros somos terribles asadores. Si no estamos incinerando salchichas, probablemente maltratamos un excelente corte de carne. No te lo tomes a mal… no va por ti. Pero resulta extraño que elijamos el método de cocción más complicado en los días en que todo lo que queremos hacer es descansar y tomar una cerveza socializando con familia y amigos.

 

Cocinar correctamente sobre fuego directo requiere cierta habilidad, pero dominar esas técnicas te convierte en el “macho alfa” entre tus amigos. Nada te da más caché que haber triunfado ante el dios del fuego. Si es que nos viene de antiguo.

 

Pero si te dejas aconsejar, o quieres iniciarte, van para ti algunos consejitos muy útiles. Dale candela que vamos a “barbacorear”.

 

 

Puede sonar básico, pero hay dos cosas cruciales que necesita tu barbacoa si deseas preparar una excelente comida. Lo primero es que tiene que ser de carbón. Las barbacoas a gas no tienen nada de malo, pero no obtendrás ningún sabor ahumado adicional. Y para eso ya tienes el horno en casa. Lo segundo que necesitas es una tapa, aunque no es imprescindible, sí es una buena ayuda. Conserva el sabor, mantiene la temperatura constante y puede usarse como una técnica adicional. Sin ella no podrás derretir queso sobre hamburguesas, ni ahumar costillas… ni otras chuladas más.

 

Tienes fácil encontrar el combustible, pero siempre lograrás un mejor resultado si utilizas carbón de leña, proporcionará mejor sabor, no está adulterado y es natural.

 

Si ya quieres la “guinda” agrega astillas de madera al carbón. El nogal y el roble son excelentes para el pescado y el cerdo, mientras que el cerezo y la madera de manzano añaden dulzura a la mayoría de las carnes.

 

Debes sacar de la nevera la carne, o el pescado, al menos 45 minutos antes de asarlo para conseguir que esté a temperatura ambiente. Si la carne está demasiado fría cuando golpea la parrilla, existe el peligro de que se queme por fuera antes de que se cocine por dentro. Esto es especialmente importante con pollo, salchichas y cualquier otra carne de cerdo por razones sanitarias.

 

 

El tiempo es muy importante

La barbacoa requiere paciencia y concentración, en ese orden. Debes esperar a que las llamas se apaguen; asar a la parrilla no significa convertir el jardín o terraza en una representación del infierno de Dante. Cocinaremos con las brasas al rojo vivo.

 

Inyecta un poco de sabor extra en la carne marinándola. Marinar un buen producto durante la noche es la mejor manera de garantizar que los sabores la impregnen.

 

No olvides sacudir el exceso de marinada antes de que la carne llegue a la parrilla, especialmente si contiene aceite.

 

 

El orden frente al caos

El tiempo estimado en el fuego para las carnes rojas es de 20 minutos, aproximadamente.

 

Utiliza tenazas o pinzas para dar la vuelta a los alimentos. Si haces uso del tenedor conseguirás pinchar las piezas y perderán sus jugos, esenciales para un acabado ideal. Esto mismo debe aplicarse a morcillas y chorizos.

 

El corte más grueso, en especial si te atreves con un chuletón, debe colocarse en el lugar más alejado de las brasas, así no se quemará por fuera y quedará crudo por dentro. Solo necesita su tiempo.

 

Norma de obligado cumplimiento: es necesario que las piezas se hagan despacio. Es una forma de cocinar donde parte del disfrute está en el proceso; no tengas prisa, conversa, cuenta chistes, tómate una o varias cervezas, o alguna copilla de vino, y deja que el espíritu del fuego cumpla su trabajo a su ritmo.

Y ante todo, no eches sal hasta el minuto final.

 

 

Con las costillas hay un truco para que su resultado tenga la misma terneza que en los mejores restaurantes especializados. Se trata de hervirlas durante una hora, secarlas perfectamente con papel de cocina o un paño de algodón, untarlas con salsa barbacoa y ponerlas en la parrilla. Al darlas la vuelta repite con la salsa, el resultado es de nota.

 

Y si tienes más tiempo y eres más sibarita, procede a cocinarlas previamente a baja temperatura, luego las untas con la salsa que se te antoje (muy recomendable es una mezcla de salsa de soja y miel) y sitúalas sobre la parrilla. Lo de chuparse los dedos no es un eufemismo, será una realidad.

 

Partimos de la base de que las barbacoas son una excusa para que todos nos convirtamos en carnívoros, pero el fuego también hace cosas maravillosas con las verduras, con ese “bronceado” encantador se ven increíbles y saben aún mejor.

 

Elige el vegetal que más se te antoje, córtalo en rodajas y luego ásalo a la parrilla de inmediato, sin aceite ni condimentos. Una vez cocinado, se puede agregar el sabor con un chorreón de aceite de oliva de calidad, unas escamas de sal y, si es preciso, un toque de vinagre.

 

Lo tienes claro… pues a socializar con el resto de los humanos en torno a la barbacoa. Es un elemento vinculador superdivertido.

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