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Fieles a su cita con el Día de Difuntos, con Hallowwen y con Todos Los Santos los buñuelos vuelven como cada año. La buñuelomanía ya está aquí. Pero qué pueden tener este pequeños dulces para provocar tal adicción; quizás la respuesta sea “que están de muerte” (y nunca mejor dicho, dada la festividad a la que están asociados).

 

Aunque el origen del término buñuelo sea ha convertido en tema polémico: Unos afirman que procede de “puñuelo” una especie de bolas que los romanos amasaban con los puños; otros consideran que procede de la palabra francesa “beignet”, masa frita que encierra una sustancia alimentaria. Sea unos u otros los que posean la razón, nos quedamos con esa historia que sitúa su origen en la ocupación de la Península por los árabes, concretamente en el asedio de Almogía, un pueblo de Málaga, cuando corría el año 1090  y el rey sevillano Mohamed ben Abad Al Motamid cercó la fortaleza de la ciudad. Viendo que escaseaban tanto la comida como la leña que usaban para los hornos, un panadero llamado Abdelaziz ben Drisi el Jabazún hizo recuento de vituallas y decidió preparar unas tortitas de masa de agua y harina; luego las subió a lo alto del castillo y las metió en los calderos de aceite hirviendo que se usaban para arrojarlos a los asaltantes. Como se repite tantas veces en la infrahistoria de la gastronomía, la escasez de recursos y la imaginación son elementos fundamentales en la creación de recetas.

 

Conocidos sus antecedentes, ahora se trata de comer el preciado manjar, y os damos los cuatros destinos que dedican presencia a los buñuelos dentro del Mercado de Chamartín.

 

Pastelería Manolo, en la planta baja. Archiconocido por sus afamados “manolitos”, este obrador de Colmenar Viejo y con más de 30 años de actividad pone la misma profesionalidad en elaborar repostería de temporada, como sus buñuelos. Fritos en aceite de oliva suave, con una masa ligera y esponjosa, con los rellenos más clásicos, en pequeños bocados que generan alegría inmediata.

 

Formentor Ensaimadas, planta baja. Cariño y paciencia (ingredientes fundamentales, en esta repostería), las mejores materias primas y un riguroso control del proceso de elaboración dan como resultado sus buñuelos, delicias estacionales que han cosechado fama entre los golosos capitalinos.

 

Buñuelos de viento

 

Pastelería Uria Hermanos, planta alta. Aún no siendo fabricante Luis Uria tiene un olfato especial para buscar y encontrar los obradores artesanales que puedan suministrarle el mejor producto. Labor de investigación que le permite ofrecer buñuelos de alta calidad a precios competitivos. Su oferta de repostería en el puesto que lleva ocupando desde hace más de cuatro décadas es todo un canto a la repostería tradicional.

 

Buñuelos de viento

 

Santa Teresa Gourmet, planta alta. Como en el resto de los productos de esta marca emblemática, la calidad manda, y si se trata de buñuelos se nota que sus orígenes están en esa antigua confitería artesana de la ciudad de Ávila donde arrancó toda una venturosa aventura. Delicias de sartén rellenas de crema, nata y chocolate que nunca defraudan.

 

Buñuelos de viento

 

Ya tienes los cuatro puntos cardinales de los buñuelos en el Mercado de Chamartín, ahora te toca decidir con cuáles te quedas.

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