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Decía el gran Julio Camba, escritor mordaz y amante del comer “Sería capaz de fugarme un día con los fondos confiados a mi custodia nada más que para irme a un puerto y atracarme de sardinas. Una sardina, una sola, es todo el mar, a pesar de lo cual yo le recomendaré al lector que no se coma nunca menos de una docena; pero vea cómo las come, dónde las come y con quién las come. No se trata precisamente de un manjar «de buena compañía», sino más bien de eso que los franceses llaman un petit plat canaille”.

Toda una pasión sardina que comparten el mundo en general, pero que nos resistimos a practicar en casa por el fuerte olor que desprenden las sardinas al cocinarlas. El olor de este pescado es tan característico y se propaga con tanta facilidad que podemos provocar todo un conflicto vecinal por saciar nuestro goloso apetito. Pero existen trucos que evitan, o mitigan, que la comunidad, el barrio y media ciudad se enteré de qué cenamos hoy.

 

Cocinar sardinas

 

Pero nada es perfecto, lo que a continuación contamos no es totalmente infalible, algo de olor siempre habrá, pero suficientemente apaciguado para que no sea esto lo que nos impida aprovechar la temporada del rico, rico pescado azul, lleno de saludable Omega 3 y símbolo de verano.

 

Lo primero que debes saber es que si no limpiamos las sardinas, quitándole las tripas, al hacerlas olerán aún más, por lo que la primera recomendación que hacemos es limpiarlas retirando bien las tripas antes de cocinarlas. En las pescaderías del Mercado de Chamartín te realizarán esta tarea previa. Por algo somos los pescaderos más amables de Madrid.

 

La mejor forma de cocinar sardinas en casa para evitar el olor es recurrir al horno. Pon en el fondo de una fuente para horno una clara de huevo, sal gorda y tomillo. Después, coloca encima las sardinas y sobre ellas, una capa gruesa de sal gorda para que absorba el olor. ¡Funciona!

 

Papillot de sardinas

 

Hacer las sardinas en papillote es una buena idea para evitar el olor. Si cerramos bien el envoltorio, el olor quedará “atrapado” y no impregnado por toda la casa. Es conveniente que al cerrar el paquete con las sardinas dentro no lo apretemos demasiado, es mejor que quede suelto, ya que se hinchará y si está muy ajustado se rajará el papel dejando que salga el olor. Se suele poner sobre las sardinas unas gotas de limón, sal, un poquito de aceite y alguna hierba aromática.

Se pueden cocinar sardinas en papillote tanto en el horno (técnica más académica) como en una sartén: simplemente colocamos el paquete bien cerrado que contiene las sardinas en su interior y se coloca en la sartén sobre el fuego. Cuando se hinche, se puede retirar del fuego.

 

Sardinas en verano

 

Si tienes la suerte de tener un jardín en el que puedas disfrutar del verano y las barbacoas, eres un privilegiado. Aprovecha para cocinar las sardinas a las brasas de la barbacoa. Estarán deliciosas y el olor, al hacerlas al aire libre, desaparecerá… o se irá a otro lado.

 

Para deshacernos del desagradable olor a sardinas que probablemente quede en nuestras manos después de manipularlas y comerlas, lo más efectivo es recurrir a frotarnos medio limón por ellas.

Lo mismo puedes hacer para eliminarlo del horno: coloca dentro, cuando aún esté caliente, un recipiente (apto para horno) con un poco de agua y el zumo de un limón. ¡Adiós olor!

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