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De las comidas de Navidad y sus excesos pueden darnos buena idea uno de los menús navideños del rey Felipe IV (1605-1655), en una corte al que no le hubiera venido mal tener un nutricionista como asesor en las cocinas.

Y es que la cocina española durante los Austrias se refinó de una manera espectacular, alcanzando cotas de sofisticación desconocidas hasta entonces. Se habían importado modas y usos alimenticios de Flandes, y la expansión del imperio habías traído riquezas y alimentos exóticos de las Indias. La supremacía política de España se reflejaba en grandes banquetes cortesanos que buscaban impresionar a los invitados a base de suntuosidad y magnificencia. La abundancia, los ingredientes y el modo en que se cocinaban eran símbolos que diferenciaban a la clase alta del pueblo común.

 

Pintura de bodegón

 

Veamos que se trajinaban en uno de sus festejos pantagruélicos, en algunos casos los platos son reconocibles y tienen su paralelismo en el recetario actual; en otros, los aditamentos y definiciones son parte del castellano de la época, pero seguro que en ningún caso hacían mención al concepto “diet”:

  • Perniles con los principios
  • Ollas Podridas
  • Pavos asados con su salsa
  • Pastelillos saboyanos de ternera hojaldrados
  • Pichones y torreznos asados
  • Platillos de artaletes de aves sobre sopas de natas
  • Bollos de vacía
  • Perdices asadas con salsa de limones
  • Capirotada con solomo y salchichas y perdices
  • Lechones asados con sopas de queso y azúcar y canela
  • Hojaldres de masa de levadura con enjundia de puerco
  • Pollas asadas
  • Frutas: uvas, melones, limas dulces o naranjas, pasas y almendras, orejones, manteca fresca, peras y camuesas, aceitunas y queso, conserva y suplicaciones.

 

Y todo esto sin la posibilidad de recurrir a omeoprazoles o bicarbonato o sal de frutas. En fin, es obvio que las sobremesas navideñas de puertas adentro de los palacios debían prolongarse largamente para dar tiempo a esos estómagos a digerir semejante barbaridad.

De la misma forma, los menús del pueblo llano distaban un abismo de los “nobles excesos” y sus fastos.

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