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Si hay algo que nos conecta directamente con los recuerdos de nuestra infancia y con la irresistible sensación de hogar es el olor de un asado en el horno: el cordero o pavo de Navidad, los dulces preferidos en las fiestas… nos aportan una mirada nostálgica al quehacer de nuestras abuelas o madres en torno a los fogones.

 

Desgraciadamente, el ritmo tan ajetreado que nos impone la vida moderna ha llevado a que el horno sea uno de los utensilios de la cocina que más se están dejando de usar. Sin embargo, es necesario reivindicar su uso y apostar por una comida más sana (ya que los alimentos se cocinan en su propio jugo), por las cosas bien hechas y por la dedicación a los demás.

 

El horno como instrumento para cocinar alimentos se remonta a la Prehistoria, pues tras haber inventado el fuego, el ser humano además de cocinar los alimentos directamente sobre el fuego ideó una manera de hornearlos excavando agujeros en el suelo en los que introducían las brasas y, sobre ellas, los alimentos envueltos en hojas que luego tapaban con piedras.

 

Cocina y horno

 

Hacia el 3000 antes de Cristo se tienen evidencias de elaboración de pan horneado en Egipto en vasijas de barro, aunque es en la Grecia Clásica cuando el horno adquirió su disposición actual, pues se colocó la puerta en la parte frontal, y se añadió una solera para hacer el fuego. Así se consiguió que el horno resultara más práctico y mucho más eficiente, ya que el calor se retenía mejor, necesitando menos madera para cocinar. Se construían de piedra o de ladrillo refractario, materiales que acumulan el calor durante un largo tiempo, con lo que era posible retirar el fuego antes de introducir los alimentos. Así se han conservado los hornos de leña hasta nuestros días.  En el Imperio romano se expandió su uso por todo el mundo civilizado.

 

Cocina y horno

 

A principios del siglo XVIII se comenzaron a fabricar los primeros hornos en hierro fundido, que resultaban mucho más cómodos pues, además de estar elaborados de un material más efectivo, contaban con mejores sistemas para introducir los alimentos y para la salida de humos. Y fue tras la Segunda Guerra Mundial, alcanzado un nivel de bienestar, cuando el horno actual se popularizó en todas las cocinas. La producción se disparó y la tecnología no paró de evolucionar hasta nuestros días.

 

Hasta hace poco tiempo, los hornos solo calentaban generando calor arriba y abajo, pero hoy en día prácticamente todos los hornos incorporan también el sistema de calentamiento por aire.

 

Te ofrecemos algunos consejos para una buena utilización del horno:

  • Si tienes un horno con sistema convencional es preciso precalentar el horno hasta que alcance la temperatura que indica la receta.
  • Si puedes elegir, opta por el sistema de calentamiento por aire pues no necesita precalentamiento (salvo al cocinar bizcochos, que debe alcanzar la temperatura de 50º) y se cocina con menos temperatura, consiguiendo un importante ahorro de energía.
  • Cuando utilices el grill debes conectarlo unos 10-15 minutos antes de meter los alimentos.
  • Al preparar panes, pastel de pescado o cualquier tipo de pudin coloca un papel de horno en el molde para facilitar el desmoldado.
  • Al hornear verduras también es aconsejable colocar papel de horno en la fuente para evitar que se peguen. E incluso por arriba, para evitar que salpiquen.
  • Igualmente, al cocinar un asado se puede utilizar el papel de horno tapando el alimento para evitar que se dore demasiado.

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